El plagio de diseños textiles indígenas en México
En años recientes, la protección a los derechos de los pueblos indígenas de México ha ocupado un lugar importante en el discurso nacional. Desafortunadamente, más allá de lo estipulado de manera verbal y en la ley, la realidad es que se les brinda poco apoyo al momento de enfrentar cualquier transgresión a sus derechos.
El plagio a los diseños textiles indígenas dista de ser un tema nuevo; entre el 2018 y el 2020, esta problemática permeó la discusión pública y causó gran revuelo en los medios, pero hoy en día perdió no sólo resonancia sino también el rastro de una pronta solución. Con todo esto, ¿a qué plagios nos referimos? Y, ¿por qué tanto alboroto?
Más de una década de plagios
Aunque no existe un registro oficial de cuándo comenzaron los plagios a los diseños de las comunidades indígenas mexicanas, algunas investigaciones señalan el punto de origen en el 2012. La organización Impacto, que comenzó a trabajar de cerca con mujeres artesanas en textil en Chiapas desde el 2014, ofreciéndoles capacitación en temas de calidad, corte, confección y costeo, para que conocieran el verdadero valor de sus textiles y no perdieran al venderlos, empezó a documentar los casos de plagio ese mismo año.
Para el 2019 habían contabilizado un total de 39 casos en el que estaban involucradas aproximadamente 23 marcas de renombre, tanto nacionales como internacionales, que en ningún momento reconocieron a los creadores originales. Entre las marcas que se han apropiado de diseños de las comunidades indígenas, principalmente aquellas ubicadas en Oaxaca, Chiapas e Hidalgo, se encuentran: Carolina Herrera, Isabel Marant, Dior, Louis Vuitton, Zara, Nestlé, Pineda Covalín, y muchas otras.
En la siguiente línea del tiempo, elaborada a partir de información registrada por la organización Impacto, se muestra con mayor detalle los plagios que han efectuado las marcas mencionadas desde el 2008 hasta el 2019.
En 2015 se viralizó en redes sociales el caso del plagio de una blusa mixe elaborada por la comunidad de Santa María Tlahuitoltepec, Oaxaca. La prenda se encontraba a la venta en una tienda estadounidense bajo la marca de la diseñadora francesa Isabel Marant.
Las autoridades de Tlahuitoltepec realizaron un pronunciamiento para defender el diseño y la blusa como parte de la identidad de la comunidad, además de acusar a Marant por no dar crédito a los verdaderos creadores. No obstante, la diseñadora francesa no aceptó el origen de su inspiración sino hasta que la marca Antik Batik la demandó por plagio. Lo cierto es que ambas habían copiado los diseños mixes.
Lo más preocupante de este caso no es la falta de atención a la denuncia realizada por la comunidad ni el nulo involucramiento del gobierno mexicano, sino más bien que la diseñadora reconoció el origen mixe en su colección debido a la demanda legal que recibió de una marca ante la que sí podía perder. Esto solamente devela la carencia de poder y representación legal de las comunidades indígenas, además de que no representan una «amenaza» para las grandes marcas.
Tras la viralización del caso de las blusas de Tlahui, éstas se volvieron aún más populares incrementando las ventas e ingresos de las mujeres indígenas. Aun con esto, las ganancias obtenidas no se comparan con aquellas logradas por marcas como Marant y Antik Batik, quienes mantienen costos fijos y elevados, además de que no sufren lo que las artesanas indígenas: regateos.